jueves, 12 de diciembre de 2013

Salvajismo relativo



Otra de las cosas por las que decidí empezar este blog, es porque todos tenemos un LADO B, una parte oscura, algo que esconder, secretos que no le contamos a nadie solo por temor a ser juzgados negativamente. Como animales que somos, todos tenemos algo salvaje que puja por salir y en muchos casos no logra pasar desapercibido.
No es el mío. Como madre de niños pequeños vivo tratando de mantener los buenos modales por el solo hecho de no dar un "mal ejemplo" Pero creanme, es TAN DIFICIL de sostener que no es extraño que cada tanto se me salte la cadena y aflore mi verdadero yo, con todos sus prejuicios, sus miserias e intolerancias, con sus malos modales y sus caprichos y obsesiones.
Y de alguna forma, al presenciar ese acto de rebeldía de mi propio inconsciente, no puedo evitar sonreír. Quizá porque es en esos momentos cuando nos damos cuenta que crueles, que viles y que... humanos podemos ser. Somos eso. Humanos. Ni buenos, ni malos. Solo el resultado de las circunstancias y de nuestro incontrolable instinto animal que no repara en normas de convivencia y que se caga absolutamente en la ética, la moral y las buenas costumbres.
Eso somos. Eso soy. Y el que diga que dentro suyo, muy en su interior, detrás de todas las caretas que fuimos comprando y aprendiendo a ponernos, no tiene ni una pizca de crueldad ni de bajeza, pues entiendo que esta mintiendo. Pero no lo juzgo. Es difícil hacerse cargo de ser un animal.

La necesidad I

La necesidad de escribir nos lleva a hacer cualquier cosa. Incluso a escribir un blog. Este, particularmente, va de todo lo que me gustaría poder hacer nuevamente, de lo que no quiero tener que hacer y de lo que siempre haré, aunque todos me pidan por favor que ya no lo haga.
Recuerdo cuando era chica cómo detestaba que me dijeran "nena", porque los adultos suelen darle a esa palabra un tono sobrador y superado, como queriendo que sepamos que no entendemos nada de nada y solo somos unos boludos a los que le falta andar muchos Kms. De adolescente se incrementó mi repulsión por ese término, porque en esa edad va sugerido con un tonito libidinoso que supongo que a ninguna mujer le debe gustar.
Y ya de "adulta" la palabrita recobró el significado de la infancia, pero incorporó el de la adolescencia. Es decir que si ahora me dicen "nena" siento que me tratan como una boluda y que hay algo insinuante y bajo en la pronunciación de esa palabra chota.
Por eso les pido que si leen este blog, y les gusta lo que en él aparece, o si lo odian, o si les parezco una boluda, o me quieren insinuar cosas obsenas o simplemente recomendarme que me dedique a otra cosa, por favor: díganme CUALQUIER COSA.
Pero no me digan NENA