jueves, 24 de abril de 2014

Civilizalvajismo


El 19 de abril fué el día de los Pueblos Originarios de la Argentina.
Seguramente el 99% de la población de este hermoso país no lo sabía.
En nuestro país se habla de solidaridad, de Patria, de pertenencia, pero yo no veo que nos preocupe demasiado a quienes pertenecía realmente este territorio.
Hablamos de reivindicar las costumbres y tradiciones de nuestros antepasados inmigrantes, en su mayoría españoles e italianos, pero no hablamos de reivindicar el derecho de pertenecer de esos pueblos olvidados y masacrados.
En estos días tuve la mala suerte de tener que escuchar comentarios acerca de inmigrantes de países limítrofes y la relación entre falta de trabajo y trabajo inmigrante.
Pero no se habla de la falta de predisposición al trabajo de muchos habitantes de nuestro suelo.
Se comenta en todo el mundo la belleza de nuestros paisajes y la maravilla de nuestra riqueza natural, y nos jactamos de tener un país con los 4 climas y latitudes de ensueño que a todo turista hipnotizan. Pero nada se dice de los espíritus que habitan esos bosques, esas selvas, llorando injusticia por lo que les han arrancado.
El enorme Eduardo Galeano escribe en su libro "Vagamundo y otros relatos":

"Estaban parados en una esquina de la capital, el jefe y, tres de sus hombres, sin miedo. No los sobresaltaba el vértigo del tráfico de las máquinas y los transeúntes, ni temían que los edificios gigantes pudieran desprenderse de las nubes y derrumbárseles encima. Sus corazones se compadecían de los millones de ciudadanos que les pasaban por encima y por debajo, por los costados y por delante y por detrás, sobre piernas y sobre ruedas, a todo vapor: “¿Qué sería de todos ustedes –preguntaban lentamente sus corazones- si nosotros no hiciéramos salir el sol todos los días?”

Nunca entendimos bien la idea de civilización.
Nunca entendimos nada, a decir verdad.
Si es más lo que perdimos que lo que ganamos con el avance de la cultura europea y sus espejitos de colores y sus biblias cubiertas de sangre, no interesa, porque somos "civilizados" y no "salvajes".
No es salvaje bendecir las mismas armas que matarán luego a miles de "hijos de Dios".
No es salvaje someter al que piensa distinto y obligarlo a obedecer en nombre de nuestros credos.
Es muy civilizado tomar todo, aún lo que no nos pertenece, por la fuerza y llamando a catequizar a diestra y siniestra.
¿En qué mundo es llamada civilización una cultura que pisotea, desangra y saquea todo a su paso? Por supuesto, en el mundo occidental.
¿Qué clase de bestia baña un suelo con sangre de niños, de mujeres sometidas y ultrajadas, de ancianos?
Bueno, pues la misma que justifica todo en nombre de su Santidad.
No somos más que salvajes con un buen agente de marketing.
No somos dignos de estas tierras y de la sabiduría de esos hombres.
Besando cruces, odiando todo lo distinto.
Vergüenza de esta "civilización"

jueves, 10 de abril de 2014

Partido chivo, nenas...


Nací en un barrio donde se habla de fútbol, se respira fútbol, se vive del turismo futbolero. Crecí a 2 cuadras de la cancha de Boca y todo en mi vida, de alguna manera, tiene relación con el fútbol, o el club, o el barrio de mis amores.
Pero por ser mujer siempre tuve que padecer comentarios relacionados a la inhabilitación del género femenino  en materia de deportes "masculinos".
Por supuesto que me importa muy poco lo que digan porque nadie tiene la facultad de venir a decirle a uno que es lo que uno siente. Los sentimientos son meramente subjetivos y lo que para otro es la felicidad, tal vez para mí sea solo una foto, o una anécdota, o un pedazo de papel sin sentido.
He tenido discusiones infinitas sobre la mujer y el fútbol con las que nunca llegué a nada, porque no hay peor sordo que el que no quiere oír. Hay gente que necesita con desesperación encasillar a cada persona que conoce o a grupos de personas, con el afán de no darse cuenta de que, en realidad, no sabe nada de nadie.
Los prejuicios siempre me parecieron una carencia de cultura y de tolerancia muy triste.
Yo sé lo que el fútbol significa para mí y no veo porque podría ver X hombrecito necio a decirme que yo no entiendo, o no siento como un hombre.
Nadie puede increparme diciendo que yo no sé lo que es llorar porque mi equipo perdió... o porque ganó, o lo que es gritar tan fuerte un gol que la garganta te queda como un papel de lija y te abrazás con el primero que tenés a mano porque la alegría es tanta que la tenés que compartir..
De todas formas las mujeres estamos acostumbradas a esta clase de "separatismo deportivo". Aunque debo reconocer que un poco rompe las pelotas.
Deberíamos dejar de fijarnos tanto en QUIEN dice y más en QUE dice. Deberíamos celebrar más y condenar menos. Si no fuéramos tan básicos viviríamos mucho más pendientes de compartir que de excluir.

Vivir a la defensiva no nos hace más cautos, sino menos inocentes. Y eso en ningún caso es algo feliz.
Avanzar atacando al otro como si fuera el enemigo no nos hace más inteligentes, sino menos sensibles.
Tirar un centro para después hacer la personal no nos hace más solidarios, sino menos compañeros.
Y esperar un buen lateral cuando en la línea hay puro manco...

Hay muchos hombres a los que le hiere el orgullo y hasta la libido que una mujer sepa más de fútbol que el.
Y hay otros que disfrutan porque pueden compartir con su mujer un buen partido, un comentario..

Cada uno elige en que arco quiere estar, no?
Abrazo de gol, muchachos.

domingo, 6 de abril de 2014

Fracaso del consenso


No se si le tenemos tanto miedo a la muerte como al sufrimiento. Si nos asusta tanto equivocarnos de persona, o en realidad el miedo es a la soledad.
Nunca fui de temerle a la soledad. De hecho, la disfruto bastante. Debe ser que cuando estamos solos no tenemos que escuchar opiniones ajenas, ni llegar a consensos en los que siempre hay uno que se queda con la sensación de haber sido estafado.
Podría decirse que es bastante intolerante de mi parte. Tal vez lo sea. Pero no me gasto en ocultarlo. Así soy. Me cuesta mucho consensuar y no sentir que me están cagando.  Seguramente es por eso que no sirvo para conformarme y me rehuso a dejar de vivir en pos de ser feliz.
Es muy probable que por estas características de mi persona a los demás les cueste también aceptarme como soy. Porque hay como una costumbre instalada de resignación y de "encajar en sociedad" y de hacer lo que "se supone", con la que jamás estuve de acuerdo y que repudio bastante.
No quiero ser lo que debería. Quiero ser como soy . Y no resignar ningún aspecto de la felicidad en el intento. Por todas estas cosas es probable que me muera sola. Ni siquiera me gustan los gatos como para ser "la vieja de los gatos"  Pero hoy por hoy no me desvela nada de eso.
La vida es demasiado corta como para desperdiciarla no siendo feliz. Cada día debería ser una oportunidad de ser un poco más feliz. Y si no lo es, probablemente sea bueno y acertado cambiar el rumbo.