jueves, 10 de abril de 2014

Partido chivo, nenas...


Nací en un barrio donde se habla de fútbol, se respira fútbol, se vive del turismo futbolero. Crecí a 2 cuadras de la cancha de Boca y todo en mi vida, de alguna manera, tiene relación con el fútbol, o el club, o el barrio de mis amores.
Pero por ser mujer siempre tuve que padecer comentarios relacionados a la inhabilitación del género femenino  en materia de deportes "masculinos".
Por supuesto que me importa muy poco lo que digan porque nadie tiene la facultad de venir a decirle a uno que es lo que uno siente. Los sentimientos son meramente subjetivos y lo que para otro es la felicidad, tal vez para mí sea solo una foto, o una anécdota, o un pedazo de papel sin sentido.
He tenido discusiones infinitas sobre la mujer y el fútbol con las que nunca llegué a nada, porque no hay peor sordo que el que no quiere oír. Hay gente que necesita con desesperación encasillar a cada persona que conoce o a grupos de personas, con el afán de no darse cuenta de que, en realidad, no sabe nada de nadie.
Los prejuicios siempre me parecieron una carencia de cultura y de tolerancia muy triste.
Yo sé lo que el fútbol significa para mí y no veo porque podría ver X hombrecito necio a decirme que yo no entiendo, o no siento como un hombre.
Nadie puede increparme diciendo que yo no sé lo que es llorar porque mi equipo perdió... o porque ganó, o lo que es gritar tan fuerte un gol que la garganta te queda como un papel de lija y te abrazás con el primero que tenés a mano porque la alegría es tanta que la tenés que compartir..
De todas formas las mujeres estamos acostumbradas a esta clase de "separatismo deportivo". Aunque debo reconocer que un poco rompe las pelotas.
Deberíamos dejar de fijarnos tanto en QUIEN dice y más en QUE dice. Deberíamos celebrar más y condenar menos. Si no fuéramos tan básicos viviríamos mucho más pendientes de compartir que de excluir.

Vivir a la defensiva no nos hace más cautos, sino menos inocentes. Y eso en ningún caso es algo feliz.
Avanzar atacando al otro como si fuera el enemigo no nos hace más inteligentes, sino menos sensibles.
Tirar un centro para después hacer la personal no nos hace más solidarios, sino menos compañeros.
Y esperar un buen lateral cuando en la línea hay puro manco...

Hay muchos hombres a los que le hiere el orgullo y hasta la libido que una mujer sepa más de fútbol que el.
Y hay otros que disfrutan porque pueden compartir con su mujer un buen partido, un comentario..

Cada uno elige en que arco quiere estar, no?
Abrazo de gol, muchachos.

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